Lamentablemente, no podemos estar seguros de ello. Todo esto fue predicho: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?» (Lucas 18:8).
Esto sugiere que su venida podría no ser reconocida, ni siquiera por aquellos que afirman esperarlo. Jesús pudo haber venido muchas veces y, sin embargo, no encontró fe ni reconocimiento. Para ilustrar este patrón:
- Génesis 18: Dios visita a Abraham como tres viajeros.
- Mateo 25: «Tuve hambre, y no me disteis de comer… En verdad os digo que cuanto no hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí me lo hicisteis».
- Lucas 24: Cristo resucitado camina con los discípulos camino a Emaús; sin embargo, «sus ojos estaban velados para que no lo reconocieran».
Este patrón sugiere que las visitas divinas son continuas, no se limitan a un único evento cósmico, y que la verdadera prueba de la fe reside en el reconocimiento de la presencia oculta de Cristo, no en el espectáculo de su llegada. La Segunda Venida oficial, entonces, podría no ser una primera llegada, sino un primer reconocimiento de lo que siempre ha estado presente: «El reino de Dios está entre vosotros» (Lucas 17:21).
Muchas profecías de la Biblia hebrea se cumplieron de maneras que no coincidían con las expectativas populares: se suponía que el Mesías sería un conquistador, pero llegó como un siervo sufriente.
Se suponía que Elías regresaría antes del gran Día; Jesús dice que Juan el Bautista era «Elías» si la gente estaba dispuesta a aceptarlo (Mateo 11:14).
Creo que el Evangelio es claro. No miren al cielo, a las montañas ni a las personas en puestos de poder, pues allí nunca encontrarán a Jesucristo. Miren hacia abajo: a los pobres, a los pequeños, a los frágiles que les extienden la mano. Procuren alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, ayudar al viajero, visitar a los enfermos y a los presos. En realidad, es así de sencillo. Por favor, comprendan que todas estas representaciones de nubes y gloria deben entenderse desde la perspectiva del Reino de los Cielos, donde los gobernantes son los pequeños y quienes sirven a los demás. Su concepción de la gloria no se corresponde con la nuestra.