En Lucas 22:37, Jesús vincula inmediatamente la mención de la espada con la profecía de Isaías:
«Porque les digo que esta Escritura debe cumplirse en mí: “Y fue contado entre los transgresores”».
La palabra griega lēstēs (λῃστής, pl. lēstai) es importante aquí. No solo significa «ladrón», sino específicamente bandido o insurrecto: el tipo de forajido que representaba una amenaza política para Roma (la misma palabra se usa para Barrabás en Juan 18:40).
Por lo tanto, si los discípulos portaban aunque fuera un par de espadas, podían ser considerados legal y socialmente como un grupo armado de lēstai (rebeldes). A ojos de los romanos, eso bastaba para justificar que se les tratara como peligrosos.
Esto concuerda con:
- La insistencia de Jesús en que se cumplieran las Escrituras.
- El relato posterior, donde es arrestado como si fuera un bandido (Lucas 22:52: «¿Acaso habéis salido contra un ladrón, con espadas y palos?»).
La ironía: los discípulos malinterpretan la situación, pero Jesús acepta que dos espadas son «suficientes», no para luchar, sino para cumplir la imagen profética de ser «contado entre los transgresores».
En conclusión: «dos espadas» pueden entenderse no como armas prácticas para la defensa, sino como marcadores técnicos que permitieron a las autoridades (y el cumplimiento de la profecía) clasificarlo a él y a su grupo como rebeldes.