La respuesta corta es ¡no!
Existe la falsa premisa de que la resurrección de Jesús fue una especie de reanimación zombi, donde continúa existiendo después de haber sido crucificado, muerto y parcialmente descompuesto. Si hubiera resucitado, se supone que conservaría su experiencia y memoria anteriores, y por lo tanto, lo más natural sería presentarse triunfalmente ante quienes participaron en su sufrimiento y muerte. La verdad es que Dios Padre resucitó a Jesús revirtiendo toda la experiencia y trasladándolo a otro marco temporal causal donde no la vivió y, por ende, ni siquiera la recuerda. En otras palabras, se encontró despierto no en una tumba, sino en el jardín de Getsemaní. ¿Por qué habría de presentarse ante Pilato y el Sanedrín si no recordaba haberlos conocido ni haber sido crucificado? ¿Qué les habría dicho en tal ocasión? ¿Que «tenía que ser crucificado para que se cumplieran las Escrituras»? Estas cosas solo se las dijo a sus discípulos como parte de su enseñanza. Nótese que Jesús, tras su resurrección, nunca habla de una crucifixión real ni de experiencias similares a la muerte, sino solo de que «debió haber sucedido». Eso es todo. Históricamente, fue crucificado y murió, y tenemos testigos de ello, pero en realidad objetiva, si se le pregunta a cualquiera hoy, en 2025, la respuesta es clara: ni fue crucificado ni murió, y para los testigos solo fue una impresión. Nadie afirma que los testigos mientan, pero sus relatos ya no concuerdan con la realidad objetiva tras la resurrección.