Hace dos mil años, los judíos tenían las Escrituras. Conocían las promesas. Anhelaban al Mesías. Y, sin embargo, cuando llegó, la mayoría no lo reconoció. ¿Por qué? Porque no se parecía al Mesías que esperaban. Querían un gigante, un conquistador, un rey que derrocara a Roma. En cambio, se encontraron con un frágil hijo de carpintero que tocaba a los leprosos, lloraba con los quebrantados y moría en debilidad. Incluso Juan el Bautista, el más grande nacido de mujer, preguntó en la cárcel: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?».
Y aquí está la advertencia: el mismo error se está repitiendo.
1. El Mesías no cambia
Los cristianos de hoy hablan de la Segunda Venida como si Jesús fuera a regresar con un carácter completamente diferente. Imaginan al manso Cordero transformado en un guerrero-rey furioso que finalmente gobierna con poder mundano. Pero las Escrituras nunca dicen que Jesús cambie. «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos». El Cordero que fue inmolado sigue siendo el Cordero, incluso cuando está entronizado en gloria (Apocalipsis 5). El frágil Mesías de Galilea es el mismo Mesías que vendrá de nuevo.
2. El riesgo de la vergüenza
Cuando venga, muchos no lo reconocerán. Gritarán: «¡Señor, Señor!», pero él dirá: «Nunca os conocí». ¿Por qué? Porque todo el tiempo estaban buscando a otro, a un Mesías poderoso y dominante, no al Siervo misericordioso. Volverán a avergonzarse de él, tal como lo hicieron los judíos. Y gritar no servirá de nada, porque gritar no puede sustituir al reconocimiento.
3. La única preparación que importa
Entonces, ¿cómo debemos prepararnos? Viviendo como él vivió. Abrazando ahora al frágil Mesías:
- Mostrando misericordia a los más humildes.
- Alimentando al hambriento, vistiendo al desnudo, visitando al encarcelado.
- Humillándonos, sirviendo en lugar de gobernar, perdonando en lugar de vengarnos.
- Permitiendo que nuestra fuerza sea quebrantada y rehecha en su debilidad.
Porque él dijo: «Todo lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Y si no lo reconocemos ahora en los más pequeños, no lo reconoceremos cuando venga.
4. El llamado hoy
No busques a otro. No esperes a un Jesús que finalmente coincida con el Mesías de tu imaginación. El que viene es el mismo que ya ha venido: el Mesías frágil, el siervo sufriente, el Cordero que fue inmolado. Bienaventurados los que no se ofenden por él.
Palabra final:
Los judíos lo perdieron porque esperaban a un gigante. Los cristianos corren el riesgo de perderlo porque esperan a un gigante en su regreso. Pero el Mesías no ha cambiado. Nunca será el guerrero de nuestras fantasías. Siempre será el siervo frágil que convierte la debilidad en la fuerza de Dios. La única pregunta es: ¿estaremos preparados para recibirlo tal y como es?