Una de las características más notables de la enseñanza de Jesús es que subvierte repetidamente el razonamiento humano ordinario. Sus dichos no solo son sorprendentes; parecen contradecir la lógica misma por la que las personas se rigen naturalmente. Quien quiera salvar su vida, la perderá. Quien se humille, será exaltado. Los últimos serán los primeros. El grano de trigo debe caer en la tierra y morir antes de dar fruto. Estos no son aforismos aislados dispersos a lo largo de los Evangelios. Juntos revelan un único principio subyacente: una ley que rige el Reino de Dios.