Existe una distinción que rara vez hacemos, pero que, una vez comprendida con claridad, lo cambia todo: la diferencia entre los acontecimientos y su significado. Los acontecimientos se desarrollan en el mundo según sus causas. Suceden como deben. Pero el significado no reside en esos acontecimientos de forma obvia ni inherente. El significado pertenece a otra dimensión de nuestra experiencia: una dimensión con la que interactuamos, interpretamos y en la que vivimos.