El Juicio Final suele imaginarse como un único tribunal universal donde cada ser humano comparece en la misma posición: todos se presentan ante el Juez, todos son examinados y todos reciben un veredicto favorable o desfavorable.
Pero la visión del Evangelio no es tan simple.
Jesús a veces no habla simplemente de recibir un juicio favorable, sino de no ser juzgado en absoluto.
Esta distinción es fácil de pasar por alto porque ambas ideas suelen tratarse como si significaran lo mismo.
No lo son.