Uno de los aspectos más pasados por alto del relato del niño poseído en los Evangelios de Mateo 17 y Marcos 9 no es el milagro en sí, sino la estructura de responsabilidad que lo rodea. El pasaje suele interpretarse como una simple lección sobre la falta de fe de los discípulos. Los discípulos no lograron expulsar al demonio, Jesús los reprendió por su fe débil y luego les explicó en privado que la oración era necesaria. Esta interpretación es común, sencilla y no del todo errónea. Sin embargo, omite varios detalles incómodos de la historia que merecen una mayor atención.