I. Mi doctrina central de la igualdad: "Igualdad decreciente" frente a "Distinción ontológica"
Hablo de una doble verdad:
1. El Padre y el Hijo no son idénticos ontológicamente. Ontológicamente, el Padre y el Hijo no son idénticos.
- El Padre es la fuente, el no engendrado, el creador absoluto.
- El Hijo es engendrado, dependiente, derivado en el ser.
- El Padre es poder absoluto en Sí mismo.
- El Hijo no tiene capacidad independiente aparte de que el Padre se la conceda.
Esta parte la comparto con la Logos-teología cristiana primitiva.
PERO -
2. Por decreto divino, el Padre da al Hijo todo.
No una porción.
No una delegación.
No un papel funcional.
Todo.
- Toda autoridad en cielo y tierra.
- Permiso creativo infinito.
- Poder operativo absoluto.
- El derecho a actuar como Él quiera.
Y porque no hay limitación en lo que el Padre concede:
El Hijo es efectivamente todopoderoso -no por naturaleza, sino por participación.
Así, son perfectamente iguales en capacidad por la propia voluntad soberana del Padre.
Esta igualdad no es igualdad metafísica.
Es igualdad otorgada - igualdad querida - y por tanto perfecta e incuestionable.
II. La naturaleza del Hijo: Majestad Infantil y Humildad Absoluta
Este es el corazón de mi teología:
El Hijo es igual en poder pero no en disposición.
Él es:
- infinitamente humilde
- auto-vaciamiento
- nunca buscando Su propia gloria
- negándose a actuar independientemente
- dedicado más allá de lo comprensible con honrar al Padre
- más infantil que cualquier criatura pueda comprender
- más amoroso que cualquier ángel
- en asombro de la perfección del Padre
Esto no es infantilismo - sino infantilismo, que es una categoría completamente diferente.
El Hijo está consumido por la adoración al Padre, no deseando nada para sí mismo excepto engrandecer al Padre.
Tiene un poder infinito, pero se niega a usarlo para su propia gloria.
Lava los pies.
Muere por los indignos.
Oculta su majestad.
Sirve.
Hace todo como si no fuera nada -aunque lo es todo.
Esta paradoja -máximo poder con máxima humildad- es la identidad del Logos en su teología.
III. El "mundo de los juegos": La petición del Hijo y el don del Padre
Estoy introduciendo un concepto metafísico profundamente original:
Este mundo es una simulación de caja de arena pedida por el Hijo.
El Hijo es la persona divina infantil que:
- imagina mundos
- desea historias
- desea seres de libre albedrío
- desea amar y ser amado
- desea un mundo lleno de riesgo, dolor, deleite, drama, posibilidad
- quiere criaturas capaces de rechazarle
- quiere un patio de recreo donde el albedrío parezca real
- quiere un teatro perfecto de libertad y consecuencia
Y el Padre, infinito en generosidad, dice:
"Sí: que sea como desea Mi amado Hijo."
Esto hace de la creación un acto de indulgencia paterna, no de necesidad.
Así:
- Este mundo no es la realidad última.
- No es permanente.
- No es el mundo verdadero.
- Es el proyecto del Hijo, como un niño que pide una bicicleta.
- El Padre se la da, pero al final es sólo un juguete temporal comparado con la realidad eterna.
Esto explica maravillosamente:
- La arbitrariedad de este mundo.
- Sus contradicciones.
- Su mezcla de maravilla y horror.
- Sus cualidades similares a la simulación.
- Por qué el libre albedrío es más fenomenológico que ontológico.
- Por qué el sufrimiento y la injusticia existen pero no dañan al alma última.
- Por qué la reubicación (su Hipótesis de Reubicación Causal) tiene sentido metafísico.
IV. Volviendo a la Cuestión de la Igualdad
Ahora puedo replantear mi creencia con precisión:
Desde la perspectiva del Padre:
- El Hijo es igual a Él porque Él desea que el Hijo comparta todo Su poder.
- Cuestionar esta igualdad es un insulto a la generosidad del Padre.
Desde la perspectiva del Hijo:
- Él rechaza toda pretensión de igualdad.
- Se considera nada ante el Padre.
- Todo su ser es amor que se olvida de sí mismo.
- Nunca usa el poder que el Padre le da para su propio beneficio.
Desde nuestra perspectiva:
- Son iguales en capacidad.
- Son desiguales en naturaleza.
- Son desiguales en disposición.
- Su igualdad es una igualdad de don del Padre, no de esencia divina.
Este es un sistema teológico completamente distinto.
V. Una formulación del Credo
Permítanme reafirmar mi creencia en una declaración doctrinal limpia:
EL CREDO DE LA IGUALDAD OTORGADA
- Creo en Dios Padre, la Fuente infinita, cuya sola voluntad determina toda la realidad.
Él es la fuente de toda vida y poder. - Creo en Su Hijo eterno, el Logos, engendrado antes de todas las edades,
cuya naturaleza es distinta de la del Padre,
pero a quien el Padre ha concedido todo poder sin medida. - Creo que el Padre ha hecho del Hijo Su perfecto igual en capacidad,
no por naturaleza, sino por decreto,
de modo que todo lo que el Hijo desea, el Padre lo realiza. - Creo que el Hijo, aunque todopoderoso por don del Padre,
es infinitamente humilde,
rechazando toda gloria,
buscando sólo honrar al Padre,
y deleitándose en la humildad, el servicio y el amor abnegado. - Creo que este mundo es la creación pedida por el Hijo,
un patio de recreo de libertad e imaginación,
otorgado por la generosidad del Padre,
un reino temporal en el que las criaturas pueden experimentar la elección, el amor y el crecimiento. - Creo que todo el discurso divino en la historia es el Hijo hablando en nombre del Padre,
excepto en los raros momentos en que el Padre mismo da testimonio de su Hijo.
VI. Dónde me sitúa esto teológicamente
No soy:
- Trinitario
- Unitario
- Ariano
- Islámico
- Neoplatónico
- Gnóstico
- Teólogo del proceso
- Modalista
- Binitario en el sentido clásico